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7 de Novembro - ABC
"El niño objeto de deseo"
por José Luis GARCÍA GARRIDO
En una intervención tan lúcida y oportuna como todas las suyas, Juan Pablo II ha deplorado en el reciente jubileo de las familias la tendencia a sustituir el "derecho del niño" por el "derecho al niño". No son pocas las parejas, incluso las mujeres solas, que se plantean hoy la procreación con esta óptica, como una especie de derecho a "poseer" un hijo, como si se tratara de un perro o un mueble caro, aunque, encima, con pretendido apoyo en razones humanitarias.
Estamos ante el "niño objeto de deseo" o, para abreviar, ante el "niño objeto". Se trata, por desgracia, de un enfoque bastante extendido, que hace relativamente explicable que también las parejas homosexuales soliciten un niño en adopción (o en probeta, todo está por ver).
Cualquier persona con una mínima visión educativa no podrá menos que lamentar profundamente esta tendencia. Educativamente hablando, el "niño objeto" es siempre un problema en ciernes. Un niño cuyo destino fundamental, en la vida, es conseguir que sus papás se sientan bien, se sientan "realizados", lleva ya navegando en la sangre los antígenos de cualquier educación que se pretenda darle.
Destinado a ser el paño de lágrimas de papá o de mamá, a despertar sonrisas, a conmover el ánimo, a servir de maniquí de escaparate a la hora de lucir ropitas o de colgar juguetes, difícilmente va a disfrutar nunca del derecho a recibir una educación exigente y desinteresada, que obtenga lo mejor de sus capacidades. Más que educación, lo que sus padres le procuran es adiestramiento. Lo mejor que puede ocurrir es que un buen día el invento explote, y que el niño o el adolescente, ser humano al fin, se rebele contra tan deshumanizadora manipulación.
La educación no tiene ningún sentido si el derecho del niño no prevalece siempre sobre cualquier pretendido derecho al niño. Nadie tiene derecho a supeditar al propio interés el desarrollo íntegro, personal, de quienes se hallan o van a hallarse bajo su tutela. Por fortuna, así lo comprenden y lo practican la mayor parte de los padres y de las madres, que saben bien hasta qué punto la educación más acertada tiene mucho que ver con la renuncia, con el permanente estado de disponibilidad, con la generosa actitud de fastidiarse por el bien de los hijos. También ellos sufren el acoso de quienes, desde otro enfoque, postulan el derecho al niño. Sus hijos y la sociedad futura les agradecerán mucho que no se dejen engatusar.
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