La Vanguardia, 7 marzo 2000

Aires electorales y maternidad

Se aproxima el 12 de marzo y las promesas electorales acerca de la plena integración de las mujeres en el mundo laboral se multiplican. No quiero decir que mientan, pero sí que no son realistas. De momento todo sigue como ha sido siempre: cuando vamos a una entrevista de trabajo, lo primero que nos preguntan es que si estamos casadas, si tenemos hijos, si pensamos tener más, etcétera. Y, a cada afirmación, la cara del entrevistador se va transformando hasta que ves claramente que lo que tienes que hacer es levantarte, dar las gracias e irte a casa.

Nos quieren convencer entre todos de que favorecerán la conciliación de la vida familiar y laboral, de que promoverán nuestra incorporación o reincorporación al mundo laboral, de que crearán más guarderías y escuelas infantiles, etcétera. Nos ofrecen soluciones para ampliar horarios escolares o de guarderías, es decir, si queremos trabajar "de verdad" tendremos hijos de fin de semana.

Por otro lado, cada vez es más evidente, mirando cómo evoluciona nuestra sociedad, que nuestros hijos nos necesitan junto a ellos al menos ese ratito por las tardes, cuando ya no están en el colegio, cuando son pequeños para compartir sus juegos y contarnos sus pequeños descubrimientos, cuando son un poco mayores para que les ayudemos en sus deberes y cuando son adolescentes para que les guiemos y les comprendamos, en definitiva, para que les eduquemos. Y ¿cuántas de estas cosas podremos hacer si nadie nos da otra opción que la de trabajar poco menos que de ocho a ocho?

No queremos que nadie nos regale nada, sólo queremos tener capacidad para poder decidir si nos conviene trabajar a tiempo parcial para ocuparnos un poco más de nuestra familia sin que nadie ponga mala cara, sin que por ello nos ofrezcan un salario mísero y sin tener la sensación de estar en la cuerda floja.

NATALIA RABELLA HANNAH

Sant Joan Despí

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