Gara, 29 marzo 2000

Isabel Arboníes * Parlamentaria Foral de IU/NEB

Sobre la familia

La familia como concepto no está definido por la Constitución pero se le reconoce una importancia de primera magnitud dentro de los principios rectores de política social y económica. La Constitución asegura a la institución familiar la protección social, económica y jurídica de los poderes públicos, especial- mente a los hijos, a los que los poderes públicos asegurarán una protección integral en igualdad de condiciones tanto si son concebidos dentro como fuera del matrimonio. Es evidente que en los últimos 25 años la organización social y en concreto la familiar ha sufrido cambios profundos como consecuencia de los cambios sociales, económicos y políticos que en nuestro país se han dado con extrema rapidez en relación a otros países europeos que no vivieron en un contexto ultraconservador.

La izquierda plural, como promotora de esos cambios sociales por los que tanto luchó en este país, hace tiempo que confiere a la familia un concepto plural que refleja la evolución propiciada en gran medida por las transformaciones legislativas producidas durante la transición democrática. Transformaciones que han superado la familia preconstitucional, unida por el vínculo del matrimonio, la única fórmula de organización familiar que se aceptaba y que se ha privilegiado en nuestro país sobre otros modelos de familia.

Cuando nos referimos a la institución familiar nos referimos a todos los modelos y fórmulas de organización familiar, nos referimos a las familias unidas por lazos de afecto, matrimonio o filiación que viven juntas, formando unidades económicas, patrimoniales y de consumo, en la que consideramos incluidas las familias monoparentales, familias reconstruidas después de un divorcio y parejas que conviven unidas por el afecto y mantienen un compromiso de solidaridad. Precisamente sobre las parejas de hecho o estables, el Parlamento de Navarra tendrá ocasión de pronunciarse el día 23 a tenor de una iniciativa presentada por IU.

En torno a la familia -a la nueva familia- hay un debate pendiente que debemos abordar en el conjunto de la sociedad, sobre su situación y futuro, sobre las responsabilidades colectivas que como sociedad tenemos respecto a las experiencias familiares. Un debate que ya se ha empezado a dar en las instituciones y que sin duda debe continuar porque hay mucho que decir y hacer ya que afecta de manera muy importante en la vida cotidiana de un sinfín de personas. La política sólo tendrá sentido para la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas que representamos, con mejor o peor fortuna, las fuerzas políticas, si los hombres y mujeres que componemos esas fuerzas abordamos las cuestiones del día a día, si somos capaces de incidir en las grandes cuestiones que pueden afectar a futuro a esa agenda ciudadana.

A nadie se le escapa que el llamado Estado del Bienestar Social en el sur de Europa ha estado soportado en gran medida por las familias y dentro de ellas casi íntegramente por las mujeres, que han ahorrado a las Haciendas Públicas cuantías jamás estimadas. Hablar de la familia como el agente de bienestar social encierra una gran trampa. En realidad tendríamos que hablar de la mujer cuidadora como la agente social que ha asumido casi íntegramente las tareas de bienestar, pero la mujer cuida- dora es una raza en extinción. Su perfil actual corresponde al de ama de casa con una edad media de 54 años, casada, con poca ayuda y sin vida propia, que cuida al 70% de los mayores y el 80% de las personas enfermas o con discapacidad. Mirando al futuro inmediato se puede decir que se acabó la mujer socialmente predestinada al cuidado de los padres, suegros, hermanos o tíos.

Cuando hablamos de conciliación de la vida familiar y del trabajo volvemos a caer en la misma trampa. Hablamos de la conciliación de familia y trabajo como un tema que afecta a la mujer y madre trabajadora, cuando la necesidad de conciliar familia y actividad laboral, social o política afecta por igual a hombres y mujeres que comparten un proyecto de vida en común y unos hijos que son responsabilidad paterna y materna.

El apoyo a la familia debe ser el resultado del equilibrio entre responsabilidades públicas y privadas ante las nuevas exigencias derivadas de los cambios socioeconómicos y familiares. No es posible pensar en la reducción de los servicios sociales y que las mujeres carguen nuevamente con todas las responsabilidades. Es necesario poder compatibilizar la vida familiar y el desarrollo profesional de hombres y mujeres. Es necesario la corresponsabilidad en la esfera de lo privado y un compromiso social y político que equipare a Navarra con los países de nuestro entorno en cuanto a gasto social. Es evidente la necesidad de intervención pública para optimizar los criterios de eficiencia y exigencia democrática requeridos en la provisión de las políticas públicas. Las familias actuales requieren y esperan actuaciones políticas serias, tangibles, globales y permanentes en política de empleo, política de vivienda, incremento de servicios de asistencia, recursos de día y atención domiciliaria para mayores y afectados por enfermedades crónicas o incapacidades y redes de cuidado y educación en la infancia; por eso propusimos en el 99 la regulación del primer ciclo de infantil en Navarra, una propuesta que ahora recuperan otras fuerzas políticas.

Es obvio que la natalidad no se va a incrementar con medidas parciales dirigidas al segundo y tercer hijo, porque son insuficientes para un alto porcentaje de personas, que sabemos que un año de excedencia en la empresa privada significa jugarse el puesto de trabajo o que criar un hijo tiene un coste mínimo de un millón de pesetas al año, un coste que empieza con el primer hijo. Ahí empieza la política de natalidad. Estudios hechos en nuestro país revelan que los tres factores que inciden directamente en nuestra baja natalidad son la falta de seguridad laboral, las perspectivas económicas y el cambio que suponen los hijos en el proyecto de vida de las parejas jóvenes. Según Inés Alberdi, autora de la obra "La nueva familia española": «Si la sociedad española quiere seguir teniendo generaciones tendrá que necesariamente ofrecer empleos seguros a hombres y mujeres jóvenes. En la esfera privada exigirá compartir y compatibilizar empleo y cuidados a la infancia y en la esfera pública será necesario ayudarles con un apoyo social decidido, con redes de cuidado a la infancia».

Hay que transmitir seguridad y confianza en el futuro. Cuando no existe seguridad en el futuro, cuando el presente es precario cualquier especie, y más la humana, se retrae en la descendencia y también en la solidaridad hacia los más vulnerables.

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