El Comercio, 5 febrero 2000

Un hijo, un millón... de alegrías

Espero mi quinto para el mes de marzo y no me gasto en los cuatro que tengo cuatro millones de pesetas al año. Lo primero, porque no podría y lo segundo, porque no es necesario. Si ridícula es la ayuda y las deducciones que tenemos por hijo en la declaración tributaria, exagerado es el informe que publicaron las asociaciones de Amas de Casa y Consumidores. ¿Qué pretenden?, ¿meter miedo a los padres? Pues estamos buenos tal y como está el panorama demográfico.

Resulta que, haciendo números, sale bastante más barato tener familia numerosa. En casa nos gastamos en cada niño 30.000 pesetas en ropa cada seis meses. La herencia forma parte de nuestras vidas y el consumismo y los caprichos no caben: no van ni de chandall ni de marca. Tampoco hay grandes gastos en celebraciones de bautizos, cumpleaños, comuniones...

En lo que sí doy la razón al informe de marras es al gran gasto en enseñanza si optas por elegir otra distinta a la que ofrece el Estado. ¡Esto no es libertad de enseñanza! Ni tampoco es gratuita para todo el mundo, pues si te gusta esa otra, tienes que pagar dos veces, con los impuestos y con los recibos mensuales. Y no hablemos de los libros...

Para terminar, quisiera pedir a los partidos políticos que, por favor, se acuerden de nosotros. Esta última ley de ayuda a las familias numerosas es una tomadura de pelo comparándolo con lo que reciben los padres por cada hijo en otros países de la UE. Aquí mismamente, hay sectores más potenciados que las familias: con los números en las manos, hay ganaderos que reciben más por sus cerdos que nosotros por nuestros hijos; así como suena. Y yo me pregunto ¿quién se comerá esos ricos jamones dentro de 20 años? me figuro que los japoneses, porque españolitos habrá pocos, muy pocos.

Covadonga Cañal García

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